Lo reconozco: yo no sirvo para quedarme tirado en la toalla mientras me
doro al Sol. Es algo superior a mi. Por eso acogí con tanta alegría la propuesta
de viaje a la isla de Tenerife para descubrir todos los atractivos que puede
ofrecer lejos de las arenas costeras. Y doy fe de que son muchos.
Durante las primeras veinticuatro horas en la isla ya había deducido
que era cierto lo que me contaban. Era mi primera vez en
Tenerife y había quedado fascinado con los paisajes verdes que estaba viendo.
Yo era de los que pensaba que la isla era solo apta para aquellos que buscaban
un turismo fundamentalmente playero.
Mi salto en parapente desde los 2.200 del puerto de Izaña, dos horas de surf y
una tarde remando en kayak pegados a la base de los acantilados de Los
Gigantes, eran prueba suficiente de mi error al prejuzgar.
Ademas, el clima en la parte norte de la isla -la zona mas verde y montañosa-
es bastante mas inestable de lo que tenemos en mente. Los vientos
alisios crean aquí en fenómeno llamado mar de nubes, con nubes bajas que dotan
de humedad a las tierras del norte.
La mayor cantidad de humedad existente en estas zonas ha creado
un paisaje que me hizo preguntarme en mas de una ocasión
si me encontraba de vuelta en mi querida Irlanda o en una de las islas
Canarias.
Las posibilidades en Tenerife para los amantes del senderismo
son muchas y yo os recomiendo.

